La Depresión

Depresión. Trastornos Afectivos Psiquiatría Clínica

La depresión es una enfermedad que forma parte de un grupo de alteraciones denominadas Trastornos Afectivos constituyendo quizá el grueso más importante de enfermos que acuden a buscar ayuda psiquiátrica.

Según estudios fiables se estima que el 50 por ciento de las consultas que se hacen a un psiquiatra las hacen personas que están deprimidas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que existirían en el mundo unos 300 millones de enfermos deprimidos (5 % de la población mundial). Así mismo, y según el Comité para la Prevención y Tratamiento de la Depresión (PTD), en España unos 2 millones de personas sufrirían esta enfermedad.

Antes de seguir adelante conviene distinguir con claridad lo que es una depresión de la tristeza que todas las personas en alguna ocasión sufrimos ante determinados acontecimientos. Para ello he creído conveniente resumirlo en la siguiente tabla:

La depresión afecta más a las mujeres que a los hombres, es independiente del estrato socioeconómico, aunque un tipo de depresión, la que llamamos Distimia o depresión crónica, es más frecuente en las clases desfavorecidas. Si tiene en cambio cierta influencia el medio urbano, siendo más frecuente en este que en el rural. También la padecen más las personas divorciadas y solteras que las que están casadas.

Las líneas de investigación actuales señalan que la enfermedad depresiva es, fundamentalmente, un trastorno bioquímico en el que están implicadas una serie de sustancias que denominamos “neurotransmisores”.  Dentro de las múltiples sustancias que existen en nuestro sistema nervioso central, las que parecen estar relacionados de forma más directa en la aparición de la depresión serían dos.

-Por un lado, estarían las catecolaminas, concretamente la Dopamina y la Noradrenalina.

-Por otro lado, las indolaminas a cuyo grupo pertenece la Serotonina.

 

La modificación en los niveles de estos neurotransmisores, junto con alteraciones (bloqueo y pérdida de sensibilidad) en los receptores que poseen las neuronas, sería parte de la explicación que la biología y la medicina actual nos ofrecen para entender él porque una persona se deprime.

Según el tipo de neurotransmisor que se encuentre alterado se puede instaurar un tipo de tratamiento sustitutivo.
Pero el problema no es tan sencillo, ya que, además de estas alteraciones bioquímicas que son la base del tratamiento farmacológico, en su génesis se imbrican también otra serie de factores que complican la evolución y la resolución de la enfermedad.

En síntesis, las depresiones tienen un origen multifactorial interactuando diversas causas sobre una personalidad vulnerable o predispuesta. Aunque todas las personas podemos tener en un momento determinado de nuestra vida una depresión, lo frecuente es que este tipo de enfermedades aparezcan sobre una «formas de ser» o personalidad concreta.

Son más vulnerables las personalidades ciclotímicas, es decir, individuos cuya forma de ser está caracterizada por frecuentes oscilaciones del ánimo pasando de la alegría a la tristeza de una forma muy rápida e inmotivada y los llamados melancólicos, esto es, sujetos cuya manera de vivir está caracterizada por el orden, la responsabilidad excesiva, los escrúpulos, la autoexigencia, la rigidez, el afán por el trabajo, la dependencia hacia los demás, la inflexibilidad y pesimismo.

Cómo se produce la Depresión.

Otro aspecto muy importante a tener en cuenta en el origen de las depresiones son los factores genéticos. En este sentido es frecuente observar como en la familia de una paciente con depresión suele haber antecedentes de depresiones en sus familiares cercanos (padres, abuelos, tíos o hermanos).

Pero además de los factores genéticos que acabamos de comentar, también tienen una marcada importancia en la génesis y evolución de la depresión ciertos factores psicológicos y sociales. Así situaciones como: el agotamiento, la frustración crónica, el estrés, la pérdida de valores, la marginación, el fracaso laboral, las rupturas sentimentales y afectivas, la separación brusca del medio familiar, el fallecimiento de seres queridos, etc. son solo algunas de las circunstancias vitales que pueden facilitar la aparición de cuadros depresivos.

Baremo factores estresantes que pueden facilitar la aparición de la depresión

Por último, en la depresión habría que tener en cuenta también otros parámetros que pueden actuar como elementos precipitantes. Así ciertos tratamientos farmacológicos prolongados (corticoides, anticonceptivos, antihipertensivos), estados carenciales con déficit vitamínicos, infecciones, y por supuesto los procesos cancerosos o las alteraciones metabólicas graves y no compensadas, son factores que por sí solos pueden generar una depresión.

Epidemiología de la Depresión Mayor.

No todas las formas o variantes de depresión tienen la misma frecuencia, por eso es necesario analizar los datos con un poco más detenimiento. Por ejemplo, la llamada depresión estacional, variante de depresión cuyos síntomas aumentan en invierno y mejoran durante el verano, tiene una prevalencia que oscila entre un 4 % a un 7 %.

La depresión infanto-juvenil (14-18 años) tiene una morbilidad muy alta y que oscila según estudios norteamericanos en torno al 33 %. En nuestro país algunos trabajos han encontrado una prevalencia de depresión entre los 8 y los 11 años de 2 %. Todo parece apuntar que la depresión aumenta sensiblemente en la adolescencia y además los episodios son recurrentes. Por lo que respecta a los ancianos estos tienen una frecuencia de depresión que oscila alrededor del 8 %, presentando las mujeres una frecuencia doble a la que tienen los varones.

En cuanto al trastorno bipolar, es decir, cuando se alternan en el tiempo episodios de euforia con otros de tristeza, la prevalencia-vida es de un 1,2 %, mientras que la prevalencia puntual oscila entre el 0,1 y 0,5 %. Por último y por lo que hace referencia a la distimia, o depresión crónica, tiene una prevalencia vida entorno al 2 – 4 %, teniendo presente que el 80 % de los enfermos que presentan esta variante de depresión van a desarrollar una depresión mayor.

Cifras relativas a la depresión como enfermedad mental psiquiátrica

Nadie pone en duda que una persona normal, sin antecedentes depresivos previos y con una personalidad estable puede llegar a «entristecerse» si su vida se complica con la muerte de un familiar muy querido, problemas económicos, conflictos sentimentales, o cualquier otra circunstancia. Ahora bien, una cosa sería estar triste porque existen una serie de razones que justifican y explican esta tristeza, y otra muy distinta es estar profunda y amargamente triste sin ninguna explicación, ni motivo.

Cuando las cosas no andan bien y hay problemas y contratiempos; cuando la vida nos enseña sus afilados colmillos, es «normal» que la persona reaccione con abatimiento y tristeza. Pero otra cosa distinta es la tristeza, el malestar, la desesperanza e incluso las alteraciones somáticas que abaten al enfermo deprimido, sin justificación ni explicación, bueno, mejor dicho, con explicación si tenemos en cuenta la alteración de su sistema nervioso y de las sustancias químicas que en el se encuentran y de las que ya hemos hablado.

En los momentos actuales la clasificación de la depresión se ha complicado sensiblemente, existiendo una serie de cuadros clínicos diversos que hemos resumido en la tabla siguiente:

Clasificación de la Depresión.

La depresión mayor sería aquella caracterizada por un estado de desilusión generalizada e intensa dificultad para sentir placer; apatía y cansancio desde las primeras horas del día; empeoramiento matutino y mejoría vespertina, así como la presencia de dolores diversos y cambiantes; pérdida de apetito y trastornos del ritmo del sueño (sobre todo despertar precoz).

Este tipo de depresión suele reactivarse en primavera u otoño.

  • INCAPACIDAD PARA DISFRUTAR DE LAS COSAS
  • DISMINUCIÓN DE LA TOLERANCIA AL DOLOR
  • MAYOR VULNERABILIDAD AL ESTRÉS
  • TRASTORNOS RITMOS VITALES (SUEÑO, APETITO Y SEXUALIDAD)

El trastorno distímico es la llamada también depresión crónica ya que como mínimo dura dos años. Sus mejorías y empeoramientos suelen depender de los acontecimientos vitales y de la interpretación que haga de ellos.
Su prevalencia es del 3%, siendo el doble de frecuente en la mujer que en el varón, tienen los mismos síntomas que la depresión mayor, pero de menor intensidad, el tratamiento es con ISRS y ansiolíticos.

 

El trastorno bipolar es una enfermedad en la que se alternan episodios o fases de euforia e hiperactividad excesiva (manía) con otras de inhibición y tristeza (depresión) La padece el 1 % de la población y no hay diferencias en cuanto al sexo.
Hay que descartar siempre las intoxicaciones por drogas y algunas enfermedades neurológicas.
El tratamiento es con: NEUROLÉPTICOS (Risperidona, Olanzapina), ANSIOLÍTICOS (Clonacepam), LITIO (Plenur) O ANTIEPILÉPTICOS (Lamotrigina) y ANTIDEPRESIVOS (ISRS o IRNS)

 

Además existirían también otro tipo de depresiones y se podría hablar de depresiones recurrentes que son aquellas en las que episodios repetidos de depresión; depresiones persistentes o depresiones en las que el paciente no llega a mejorar por completo presentando en mayor o menor intensidad sintomatología depresiva; depresión con síntomas psicóticos, o tipo depresión grave en la que existirían ideas delirantes (falsas e irrebatibles por medio de razonamientos lógicos) casi siempre de tipo negativo (ruina, culpabilidad, etc.).

 

Según la intensidad de los síntomas, las depresiones se pueden clasificar en leves, moderadas o graves; según el momento de inicio en infanto-juveniles, de la edad adulta e involutivas; según la respuesta al tratamiento en fase depresiva simple, refractaria y resistente; según la sintomatología predominante en agitadas, inhibidas o enmascaradas; según el curso clínico en monopolares o bipolares, etc.

 

La depresión es una enfermedad muy variopinta y que se puede presentar de formas muy diversas, lo cual, obviamente, puede generar cierta confusión y errores en su apreciación. Las enfermedades con las que habrá que plantearse el diagnóstico diferencial son, entre otras, las siguientes:

Diagnóstico Diferencial | Depresión y Ansiedad.

En primer lugar, hay que tener presente que en la depresión pueden aparecer síntomas ansiosos lo que puede equivocar de entrada el diagnóstico y hacernos creer que estamos ante un trastorno de ansiedad, cuando lo que hay es una depresión.
Para evitar la confusión será fundamental conocer los síntomas que diferencian cada una de estas entidades.

También es importante tener en cuenta que la ansiedad, sobre todo cuando no recibe ningún tipo de tratamiento, puede evolucionar hacia la depresión.

No es infrecuente ver en la práctica como lo que empezó siendo un trastorno de ansiedad con unos síntomas muy claros acaba siendo una depresión en toda regla. Por último, se ha visto a través de estudios experimentales que la comorbilidad, es decir, la presentación de ambas entidades juntas es elevada, por lo que también el diagnóstico por este motivo puede complicarse.

Diagnóstico Diferencial | Depresión y Ansiedad.

Las diferencias entre el la depresión y el trastorno obsesivo compulsivo suelen ser la mayoría de las veces bastante claras y evidentes. No obstante, en ocasiones, puede haber una cierta dificultad en separar ambas entidades ya que en la depresión pueden existir también pensamientos reiterativos similares a los que tiene el obsesivo (casi siempre son ideas de culpa o de ruina personal y familiar), y a su vez,  el obsesivo puede presentar síntomas depresivos que compliquen el diagnóstico.

Quizá sea útil recordar que el trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por que el enfermo tiene una serie de ideas obsesivas, es decir, ideas y pensamientos persistentes, absurdos, que el propio paciente reconoce como tal, pero que no puede evitarlos.
Dichas ideas se acompañan de comportamientos repetitivos (compulsiones) en un intento estéril para neutralizarlas o eliminarlas.

En la tabla siguiente intentamos resumir las diferencias más importantes entre estas dos enfermedades.

Diagnóstico Diferencial | Depresión vs Hipocondria.

Precisamente uno de los síntomas de la depresión mayor son las ideas delirantes de tipo hipocondríaco, es decir, el convencimiento enfermizo e irrebatible por medio de razonamientos lógicos de tener una enfermedad.

Las diferencias entre el depresivo y el enfermo hipocondríaco suelen ser bastante claras, ya que en este el convencimiento de tener una varias o enfermedades es el síntoma fundamental, mientras que en la depresión son la desesperanza, la tristeza y la inhibición general los síntomas capitales.

Diagnóstico Diferencial | Depresión vs Demencia.

Aunque la demencia y la depresión son dos entidades muy distintas, en algunos casos pueden presentar síntomas que se presten a confusión sobre todo al comienzo de la demencia y también en la depresión que aparece en personas mayores, ya que en estas es frecuente que la depresión curse con síntomas cognitivos, esto es, síntomas tales como la perdida de concentración, de atención y de memoria, que como todos sabemos son muy frecuentes en la demencia.

Vamos a resumir en otra tabla las diferencias más significativas entre estas dos enfermedades.

Otras formas de Depresión.

Como pueden observar la depresión es una enfermedad realmente compleja y que puede presentarse de maneras muy diversas y prestarse a confusión con otro tipo de alteraciones psiquiátricas e incluso también somáticas.

Además de las formas clínicas de depresión que ya les hemos comentado existen otras variantes que conviene conocer.

Siendo conscientes de que este es un manual de divulgación, vamos a resumir de forma muy esquemática aquellas variedades clínicas que, o por su frecuencia, o por lo peculiar de los síntomas o de su evolución, creemos les puede resultar interesantes.

Depresión Tratamiento Farmacológico.

En cuanto al tratamiento farmacológico de la depresión conviene tener en cuenta los siguientes puntos esenciales:

 

I.S.R.S. Eficacia, seguridad, comodidad en la posología

TRICÍCLICOS Muy eficaces Muchos efectos secundarios Dosificación compleja

Esperar periodo de latencia (45 días)

Si no responde, cambiar de tipo de antidepresivo

Mantenerlos tiempo prolongado (a veces indefinidamente)

Combinar con ansiolíticos si hace falta

La retirada al igual que la instauración ha de hacerse de forma gradual

¡No se agobie innecesariamente, su problema puede tener solución!

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