Hijos y Educación

Hijos y Educación Psiquiatría Clínica.

Aunque los problemas de comunicación y relación en el medio familiar no serían en sentido estricto un problema sanitario, sí merece la pena prestarles atención ya que con alguna frecuencia pueden llegar a crear, no solo conflictos en las relaciones interpersonales, sino incluso auténticas alteraciones psicológicas y psiquiátricas. Y más en este mundo de hoy en donde parece que la distancia generacional se ha abierto más que nunca.
Las modas y los modos juveniles dividen de manera brusca y los grupos quieren identificarse no ya sólo a través de una forma de vestir, sino por una forma de actuar, de entender el ocio y hasta por sus gustos musicales. ¿Cual sería la receta a prescribir en este tipo de asuntos?

En los temas de educación no hay ningún método mágico ni que sea eficaz al cien por cien, pero ante la pregunta si se puede, aunque sea una osadía, dar algún consejo.

El Cariño: Hijos y Educación.

En principio la educación saludable es una mezcla de grandes dosis de cariño, de saber ser consecuente en nuestra relación con los hijos y de no abandonar la tarea de corregir cuando hace falta.
El cariño es una pieza fundamental en la educación de los hijos; pero, un cariño mesurado; un cariño que nos permita corregir cuando sea preciso y premiar cuando el comportamiento lo aconseje. Un cariño que no nos impida ser objetivos a la hora de ver lo bueno o lo mejorable que ellos tienen.

El Ejemplo: Hijos y Educación.

El otro pilar fundamental de la educación es el ejemplo. O lo que es lo mismo, ser consecuentes y actuar con arreglo a lo que predicamos.

La mejor manera de conseguir un crecimiento armónico y equilibrado es precisamente esa: trasmitir con nuestra actitud lo que queremos conseguir de ellos.

El Castigo: Hijos y Educación.

Un tema polémico e interesante: el castigo. El castigo no sólo es conveniente, sino incluso necesario para conseguir un equilibrio psicológico y una buena salud mental. Ahora bien, hay que matizar algunas cosas.

El castigo debe ser además de inmediato, proporcional al hecho cometido. No es bueno posponerlo ya que entonces pierde parte de su eficacia. Además, el castigo nunca debe servir para descargar la agresividad de la persona que lo impone, sino para corregir una actitud o un comportamiento incorrecto. El ser humano se mueve a través de alicientes, estímulos o refuerzos tanto positivos como negativos.

Un castigo correctamente aplicado y proporcional a la trasgresión que se ha cometido es una buena forma de conseguir una modificación de la conducta.

Reflexión especial merecen los castigos físicos. El castigo físico nunca es recomendable, ya que habitualmente sólo sirve para que alivie su agresividad la persona que castiga, pero no para modificar un comportamiento. La violencia solo engendra violencia.

Ahora bien, pese a que no somos partidarios de la fuerza como forma de corrección, tenemos que reconocer que un cachete a tiempo puede evitar muchos problemas en el futuro. Un niño que tiene una rabieta muy intensa y con gran componente psicomotor (rigidez de extremidades, llanto, aumento de la frecuencia respiratoria, etc.) y con el que es imposible establecer cualquier tipo de dialogo, merece un cachete que rompa esa actitud. Sería algo parecido a lo que hacemos los psiquiatras cuando a una persona, presa de un ataque agudo de ansiedad le damos una bofetada para conseguir que reaccione y que salga de esa situación.
Son siempre situaciones límite y nunca, ni el caso del niño, ni tampoco en el del enfermo que hemos comentado, deben ser empleados de forma rutinaria. En resumen, el castigo físico nunca es saludable; solo muy excepcionalmente puede ser un mal menor para evitar otro mayor.

Hijos y Educación Hiperprotección.

Otro aspecto importante relacionado con la educación es todo lo referente a la hiperprotección que muchos padres tienen sobre sus hijos. Una cosa es educar, cuidar y apoyar a un hijo, y otra muy distinta proteger en exceso y agobiarle con una gran cantidad de cuidados y de mimos. Lo primero es conveniente para que madure de forma adecuada. Lo segundo es garantizar su fracaso como ser independiente y fomentar una inmadurez psicológica que probablemente le acompañe durante toda su vida.

Es necesario sufrir. Sí, habrá que repetirlo: sufrir. El sufrimiento curte y hace madurar. Nos hace avanzar en nuestro proyecto vital. Sólo aquellas cosas que suponen esfuerzo y lucha son valoradas en su justa medida. Tendemos a despreciar o minusvalorar aquello que nos regalan o conseguimos sin sacrificio alguno. Claro está, cuando hablamos de que es bueno y saludable sufrir nos referimos a un sufrimiento moderado, adecuado y proporcional para la edad que tiene la persona. En cambio, si un niño, una niña, un muchacho o una jovencita, pasan por situaciones de gran estrés y tensión, es muy probable que deje en ellos una huella irreparable. Porque todo ese sufrimiento llegue a crear un trauma psicológico e incluso una enfermedad mental.

Muchos padres piensan que la vida es lo suficientemente dura como para que también en el hogar haya que actuar con severidad; basándose en ello adoptan actitudes de excesiva permisividad y tolerancia. Permítanme un ejemplo: Si un boxeador no se prepara adecuadamente antes de salir al ring, sino se entrena concienzudamente, sino sufre con su manager, incluso sino recibe algunos golpes, es seguro que cuando salga a combatir de verdad con su rival, al primer encontronazo vaya al suelo y pierda su pelea.
Algo parecido ocurre en materia de educación. Es necesario estar entrenados y preparados para recibir los golpes de la vida. Es bueno haber sido curtido para que cuando las cosas no sean como deseamos, podamos tener recursos que nos permitan salir airosos. ¿Y donde mejor que en la familia para recibir ese entrenamiento? ¿Con quién mejor que con los padres que nos quieren hasta el infinito para aprender a soportar el dolor? Obviamente actuar así es mas complicado y difícil que hacerlo de una manera tolerante permitiendo todo tipo de caprichos y dejándole hacer lo que él quiera, como él quiera y cuando él quiera.

En resumen, ante los hijos hay que dar siempre una imagen de unidad, de homogeneidad, de estar de acuerdo. No deben ver ninguna fisura por la que puedan colarse. Obviamente nos estamos refiriendo a cosas fundamentales, claves, básicas para el desarrollo del muchacho o muchacha.

 

Muchas veces una conducta excesivamente tolerante lo que oculta son sentimientos de culpabilidad del padre que la adopta. Cuando se está muchas horas fuera de casa, cuando el padre o la madre no se preocupa de la educación de sus hijos, cuando se da prioridad absoluta al trabajo, cuando no importan sus “pequeños” problemas, es muy fácil intentar compensarlo con regalos, con un exceso de permisividad o de tolerancia. Eso es un error. Ellos, los niños y adolescentes, lo captan con rapidez. Y además de ser negativo para una maduración armónica, puede ser también nocivo para su salud mental.

¡No se agobie innecesariamente, su problema puede tener solución!

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