Tratamiento adicciones

Tratamiento adicciones

El problema de las drogodependencias es uno de los más graves, complicados y antiguos que tiene planteado la sociedad moderna, problema, que evidentemente, no es sólo sanitario, sino que implica también otras parcelas como la sociología, la política, la economía e incluso el derecho.

De una forma muy general denominamos “drogas” a todas aquellas sustancias que introducidas en un organismo vivo son capaces de modificar una o más funciones de este. Si queremos matizar más, podemos definir como droga a cualquier sustancia, natural o artificial, que actúa sobre él cerebro, siendo capaz de modificar nuestras emociones, nuestros pensamientos y en definitiva toda nuestra conducta.

Según los más recientes informes que proporciona el Observatorio Español de Drogas y Toxicomanías se está produciendo un aumento en el consumo sobre todo de los derivados del cánnabis y de la cocaína, sustancias todas ellas que vienen avaladas de una errónea fama de inocuidad y cuyas secuelas ya las estamos sufriendo.
Se ha producido un descenso del consumo de los derivados opiáceos (heroína sobre todo en su forma inyectada debido a los problemas infecciosos relacionados con el “SIDA”), aunque últimamente vuelve a haber un repunte, y una estabilización por lo que respecta a las drogas de síntesis y de los alucinógenos.

Las drogas van a hacer auténticos estragos sólo en aquellas personas que tienen una cierta vulnerabilidad (predisposición).
Ahora bien, cualquier persona corre un gran peligro al probarlas.
Los médicos no podemos predecir quién va a ser más afectado y es demasiado arriesgado andar probando. Todavía queda mucho por investigar en este terreno y es temerario despreciar los riesgos. Lo mejor es no jugar con un tema tan delicado. Recordemos el clásico refrán: “Los experimentos se hacen con gaseosa”.

Entre los factores de personalidad que más facilitan la adicción a las drogas, destacan, la inmadurez psicológica, la inseguridad, la inestabilidad emocional, la introversión y la timidez. También facilita el consumo abusivo de drogas la existencia de algunas enfermedades psíquicas como la ansiedad, la depresión, las psicosis y los trastornos de la impulsividad.

Todas las organizaciones nacionales y supranacionales, Organización Mundial de la Salud incluida, coinciden en considerar a los drogodependientes como enfermos, tanto por lo que respecta a sus derechos como a sus deberes. También es cierto que son enfermos peculiares, con ciertos matices que a veces cuesta comprender, sobre todo para los que nunca han tenido ni personal ni familiarmente relación alguna con la drogadicción.

Los toxicómanos, adictos o drogodependientes son un tipo de pacientes muy problemáticos de manejar, incómodos para todos, manipuladores con la familia, agresivos con la sociedad, incluso para los médicos y sanitarios que queremos ayudarles. Pero hay que tener las ideas claras y no andar con ambigüedades. El toxicómano es ante todo un enfermo necesitado de ayuda y comprensión que ha perdido su libertad ante una sustancia o, como veremos más adelante, ante un comportamiento.

Todas las drogas actúan sobre el sistema nervioso central, fundamentalmente sobre el encéfalo

Tipos de Sustancias Adictivas.

Todas las drogas actúan sobre el sistema nervioso central, fundamentalmente sobre el encéfalo, según su forma de actuación se distingue tres grandes tipos de sustancias adictivas.

Las primeras son las llamadas drogas ESTIMULANTES, entre los que se encuentran desde la cafeína y nicotina hasta la cocaína y anfetaminas. Todas ellas, como su propio nombre indica, provocan un aumento de la actividad general, disminuyen la necesidad de dormir y crean un estado de ánimo exaltado y eufórico a veces con pérdida incluso del contacto con la realidad. Los estimulantes son todos ellos sustancias que con frecuencia generan graves alteraciones psiquiátricas.

Hay un segundo grupo de sustancias que llamamos drogas DEPRESORAS, cuyo prototipo sería la morfina (y su derivado la heroína o di acetil morfina). Su acción básica es la de inhibir el funcionamiento general de nuestro sistema nervioso dando lugar a un estado de apatía, postración, somnolencia y “pasotismo” muy intenso. También producen con mucha rapidez dependencia tanto, calculándose que esta se produce aproximadamente tras unos 20 días de consumo. El alcohol es una sustancia que se incluye en este apartado.

Por último, tendríamos las llamadas sustancias drogas PSICODÉLICAS, siendo quizá la más conocida de todas ellas el L.S.D. (dietilamida del ácido lisérgico), aunque también existen otras naturales como la mezcalina y psilocibina. Sus efectos son también muy problemáticos al producir directamente síntomas psicóticos (alucinaciones, despersonalización, trastornos de conducta, etc.) e incluso a veces auténticas psicosis.

Por lo que respecta a los trastornos psicopatológicos que pueden producir las drogas, la Asociación Americana de Psiquiatría (D.S.M.) distingue entre los trastornos por consumo de drogas y los inducidos por las mismas. A continuación, se resumen todos estos aspectos.

Clasificación de los trastornos relacionados con Drogas.

Según la Asociación Americana de Psiquiatría, la clasificación de los trastornos relacionados con sustancias es la siguiente: 

Trastornos por consumo de sustancias

  • Dependencia
  • Abuso

Trastornos inducidos por sustancias

  • Intoxicación
  • Abstinencia

Se entiende como ‘dependencia de drogas‘ un patrón de consumo de sustancias caracterizado por la existencia de tolerancia, es decir, necesidad de consumir cantidades marcadamente crecientes para conseguir la intoxicación o el efecto deseado; abstinencia o aparición de una serie de síntomas cuando se priva bruscamente al consumidor de su droga.

Además, existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia. También se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la droga (p. ej., visitar a varios médicos o desplazarse largas distancias, fumar un pitillo tras otro), o en la recuperación de los efectos de la sustancia. Por último, existe una reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas.

Se considera como abuso de drogas a un consumo inadecuado que produce un incumplimiento de obligaciones en el trabajo, la escuela o en casa (p. ej., ausencias repetidas o rendimiento pobre relacionados con el consumo de sustancias; ausencias, suspensiones o expulsiones de la escuela o trabajo relacionadas con la sustancia; descuido de los niños o de las obligaciones de la casa, etc.).
También es criterio de abuso el consumo en situaciones en las que hacerlo es físicamente peligroso (p. ej. conducir un automóvil o accionar una máquina bajo los efectos de la sustancia), o bien el consumo a pesar de problemas legales o sociales repetidos o recurrentes (p. ej., arrestos por comportamiento escandaloso debido a la sustancia), problemas interpersonales causados o exacerbados por los efectos de la sustancia, (p. ej., discusiones con la esposa acerca de las consecuencias de la intoxicación, o violencia física).

Es la presencia de un síndrome reversible y específico producido por la ingestión reciente de una droga.
En la intoxicación por drogas hay cambios psicológicos o comportamentales significativos debidos al efecto que la sustancia ingerida tiene sobre el sistema nervioso central (p. Ej., irritabilidad, labilidad emocional, deterioro cognoscitivo, deterioro de la capacidad de juicio, deterioro de la actividad laboral o social). Dichos síntomas se presentan durante el consumo de la sustancia o poco tiempo después.

Se denomina de esta forma a la presencia de una serie de síntomas debidos al cese o reducción de un consumo prolongado y en grandes cantidades de una droga. Todo ello origina un malestar significativo y un deterioro de la actividad laboral y social o en otras áreas importantes de la actividad del individuo.

clasificación de los trastornos por consumo de drogas

Tipos de Drogas.

Dentro de las drogas como hemos visto hay muchas variedades, vamos a analizar los efectos que producen las que se usan mas frecuente.

Dentro de las drogas como hemos visto hay muchas variedades, vamos a analizar los efectos que producen las que se usan mas frecuente. En primer lugar, tenemos los opiáceos, estos son un tipo de drogas que proceden originariamente de la planta del opio (“Papaver Somniferum”, amapola blanca o adormidera). Entre los opiáceos más conocidos esta la morfina, de la que a su vez se extrae la tan popular y devastadora heroína (diacetilmorfina).

Todos ellos poseen potentes efectos analgésicos y tranquilizantes.

La heroína, creada en los años treinta por los laboratorios Bayer en un intento de disminuir la toxicidad de la morfina, y conocida en el argot de los usuarios como “caballo”, es un polvo, generalmente de color blanco que suele ser utilizada por medio de inyección en la vena, aunque el temor, sobre todo al contagio del SIDA, ha provocado que su consumo se realice cada vez con más frecuencia fumándola (“fumar un chino”).

Sus efectos duran entre 6 y 12 horas (depende de la dosis), y consisten sobre todo en una sensación de placidez y relajación muy intensos. Así mismo produce un marcado empobrecimiento emocional, alteraciones en la concentración, atención, memoria, estreñimiento y contracción pupilar. La dependencia se produce a los 20-30 días de su consumo regular, dando lugar cuando falta la dosis diaria a un síndrome de abstinencia importante (“mono” en el argot del consumidor).

Los síntomas del síndrome de abstiencia más llamativos son: temblores, sudoración, lagrimeo, dolores abdominales, diarreas y sobre todo una gran ansiedad, lo que con frecuencia los lleva a transgredir la ley para obtener su dosis de la forma que sea.

No es inusual que los heroinómanos presenten lo que se denomina “sobredosis”, situación que se produce al ingerir más cantidad de droga de la que están acostumbrados y que es generalmente debido a las modificaciones en la adulteración de la sustancia. Es un cuadro clínico muy grave que puede llegar a ser mortal al producir una intensa depresión respiratoria.

Otra sustancia muy consumida, quizá hoy la que más, es la cocaína, sustancia que se extrae de una planta muy abundante en las altiplanicies andinas de Perú, Ecuador y Colombia conocida como Erithroxylon Coca. Normalmente se toma aspirándola por vía nasal (“esnifar una raya”) en el argot del consumidor, ya que por vía oral se destruye. También se toma en la actualidad por vía intravenosa, a veces mezclada con la heroína (llamándose entonces en el argot “mezcla” o “speed-ball”).

La cocaína es el más poderoso estimulante que se conoce, teniendo además efectos anestésicos locales y vasoconstrictores, siendo estos últimos los responsables de algunos infartos de miocardio, accidentes vasculares cerebrales y necrosis del cartílago nasal que aparecen en personas muy jóvenes y consumidores habituales de la sustancia. Cuando el clorhidrato de cocaína se trata con bicarbonato sódico y se calienta se obtiene el “Crack”, variedad muy utilizada por sus efectos rápidos e intensos. El “Crack” es una forma de ingestión de cocaína muy peligrosa debido a su gran pureza habiendo producido muchas muertes y alteraciones mentales irreversibles.

Los efectos estimulantes aparecen normalmente a los 20-30 minutos de la ingestión, a veces antes, adquiriendo su máxima intensidad a la hora, no obstante, todo ello es muy variable y depende una vez más de la dosis, grado de pureza, y tolerancia al consumo. La cocaína quita el sueño, la sensación de fatiga y el cansancio. También disminuye el apetito, produce euforia y sensación de bienestar y prepotencia. Por último, recordar que produce agresividad, violencia, irritabilidad, pérdida de memoria, trastornos mentales graves (psicosis) e incluso la muerte por infarto de miocardio.

Las anfetaminas, conocidas en el argot como “speed”, vocablo inglés que significa velocidad, son derivados de la fenilisopropilamina y junto con la cocaína forman el grupo de las drogas estimulantes. Aumentan la vigilancia y también producen euforia y sensación de lucidez.

Las anfetaminas van a crear adicción con cierta rapidez sobre todo cuando se administran por vía intravenosa y con frecuencia producen alteraciones psiquiátricas importantes (psicosis, trastornos de pánico y depresiones).

Las anfetaminas han sido unas sustancias muy empleadas para quitar el apetito y también para poder soportar la fatiga del estudio. Otro de sus usos ha sido en el deporte para disminuir la sensación de cansancio y en los conflictos bélicos para conseguir una mayor agresividad de los contendientes. Su peligrosidad es muy alta sobre todo por la mala información que ha habido respecto a su potencial adictivo.

Llega ahora el turno del cánnabis, mas conocido como “porro”. Es una sustancia que se obtiene de la planta conocida como Cannábis Sátiva, tiene efectos alucinógenos, esto es, capaz de distorsionar la realidad, aspecto este ignorado por la mayoría de los consumidores.

El cánnabis (porro, marihuana, hachís, etc.) se toma generalmente fumado y mezclado con tabaco comenzando sus efectos entre los 15 y los 30 minutos, aunque ello una vez más depende en gran medida de la elaboración que se haya hecho, no siendo lo mismo el “hachís” (resina prensada de cánnabis, de mayor pureza) que la marihuana (hojas de la planta con menor concentración en 9-delta-tetrahidrocannabinol).

Los efectos más importantes del cánnabis son la producción de un estado de euforia y de desinhibición muy parecida a la que se produce en la embriaguez por alcohol. Uno de los aspectos más preocupantes y también más desconocido del “porro” es su capacidad de producir psicosis (enfermedad mental severa), sobre todo cuando se toma mezclado con alcohol u otras drogas. No olvidemos que es un alucinógeno y que como tal puede llegar a producir severos cuadros psicóticos.

Los “Tripis” (viaje en ingles) es la forma vulgar y de argot con la que los consumidores denominan a los alucinógenos, y más concretamente al LSD.
Estos se consumen sólo por vía oral y como su propio nombre indica producen como síntoma más destacado alucinaciones, sobre todo visuales y cromáticas, aunque también pueden ser de otro tipo (auditivas, cutáneas, olfativas, etc.).
La intoxicación aguda es lo que se denomina en el argot “viaje”. Una característica importante de los alucinógenos es la de provocar reacciones de pánico y reaparición de las alucinaciones sin que se haya vuelto a consumir la sustancia (es lo que se denomina “flash back”), aspecto este muy peligroso y capaz de producir situaciones dramáticas como accidentes de tráfico, laborales, etc.

Por último, llega el momento de analizar las llamadas “drogas de síntesis” (o drogas de diseño) sustancias estimulantes derivadas de las anfetaminas, que pueden ser elaboradas en sencillos laboratorios y por personas sin grandes conocimientos químicos. Así tenemos el popular “Éxtasis” (metileno-dioxi-metil-anfetamina), cuyo primer decomiso en Europa se produjo en la isla de Ibiza.
También pertenecen a este grupo la no menos famosa “Píldora del amor” (metileno-dioxi-anfetamina), y la conocida “Eva” (metileno-dioxi-etilanfetamina).

 

Los principales problemas socio-sanitarios que está originando el consumo de drogas son por un lado su errónea fama de sustancias poco peligrosas, y por otro la dificultad para perseguirlas ya que la más mínima modificación de sus moléculas deja en la indefinición legal a la sustancia y en la impunidad al traficante. La mayor parte de las drogas de diseño se toman por vía oral y sus efectos son estimulantes y alucinógenos. En los últimos años se han descrito varios casos de muerte derivados directa o indirectamente del consumo de drogas de síntesis.

consumo de drogas legales e ilegales

Consumo de Drogas Legales e Ilegales.

Solemos demonizar a las drogas ilegales y hay que decir cuanto antes y con claridad que el hecho de que una droga sea legal o que no lo sea, no la hace más o menos perjudicial para la salud. Las drogas legales como el alcohol y el tabaco matan cada día a muchas más personas que las drogas ilegales. Solamente el tabaco es capaz de acabar con la vida de 53.000 españoles cada año. Y la implicación del alcohol, otra droga legal, en accidentes de tráfico, homicidios, asesinatos, malos tratos, accidentes laborales, esta suficientemente demostrada.

Si nos centramos en el tema del alcohol los datos que se manejan en España así lo confirman, ya que el 80 % de la población consume alcohol, haciéndolo de forma habitual el 67 %. Según estudios fiables se estima que el 8 % de la población general presenta una dependencia alcohólica y que el consumo abusivo de alcohol es el responsable del 20 % de las urgencias psiquiátricas, del 35 % de los accidentes laborales, del 50 % de los accidentes de circulación.

El estado gasta de forma directa unos 65.000 millones de pesetas en los problemas relacionados con alcohol.

Sin lugar a dudas el alcohol es una droga en el sentido popular del término y además puede llegar a ser muy dañina. Otra cosa distinta es que su consumo en nuestra sociedad esté ampliamente permitido e incluso hasta estimulado por una publicidad engañosa.
El alcohol, aunque es básicamente una sustancia depresora posee, según la dosis, efectos euforizantes, analgésicos, ansiolíticos, y hasta calóricos. Es, por lo tanto, una droga muy “eficaz”, por eso es tan utilizada (en casi todas las culturas se conoce) y desde hace tanto tiempo (prácticamente desde el inicio de la humanidad).

La Organización Mundial de la Salud insiste en que hay que moderar mucho la ingestión de alcohol. Que a pesar de toda la publicidad que se hace sobre sus supuestas propiedades “curativas” que incitan a su consumo, es peligrosa y capaz de crear dependencia tanto psíquica como física.
Es una sustancia de las llamadas lipófilas, lo que explica su gran afinidad por tejidos ricos en grasa como el cerebro. Una vez que se absorbe a nivel del aparato digestivo, va a transformarse en una serie de sustancias menos tóxicas pero todo ello con el consiguiente desgaste hepático.

El alcohol no sólo perjudica directamente al hígado, también altera otros órganos como el estómago (gastritis), el páncreas (pancreatitis), el corazón (infartos) y por supuesto al cerebro (demencia). Si se bebe en gran cantidad y durante tiempo prolongado las consecuencias son irreparables. Además, gran parte de la peligrosidad del alcohol deriva de los tópicos que existen respecto a él y que conviene eliminar. Así, por ejemplo, muchas personas creen que es un alimento, o que puede ser estimulante sexual, o que puede servirnos para calentarnos en una noche fría, o que previene de enfermedades cardíacas. Falso, el alcohol es un tóxico, que sólo ingerido en dosis muy pequeñas puede ser tolerable, pero nunca recomendable y menos desde el punto de vista sanitario.

El alcohol no sólo perjudica directamente al hígado, también altera otros órganos como el estómago (gastritis), el páncreas (pancreatitis), el corazón (infartos) y por supuesto al cerebro (demencia).

Básicamente tenemos dos clases de bebidas: las fermentadas (que proceden de un fruto o grano) como son el vino, la cerveza, la sidra, etc., y las destiladas, que se obtienen destilando una bebida fermentada, eliminado a través del calor parte del agua que contienen. En este segundo grupo están el whisky, el ron, la ginebra, el aguardiente, etc. Las bebidas destiladas obviamente tienen más alcohol que las fermentadas y son por tanto más peligrosas y más dañinas para nuestra salud.

Otro aspecto importante y por el que se diferencian unas bebidas de otras es por el llamado GRADO alcohólico. ¿Qué es el grado alcohólico? No es otra cosa que el porcentaje de alcohol puro que contiene una bebida para un volumen determinado de dicha bebida.

Trastornos-por-uso,-abuso-y-dependencia-de-drogas

Decir que un vino tiene 10º, significa que en un litro de ese vino hay un 10 % de alcohol puro, o lo que es lo mismo 100 centímetros cúbicos de alcohol puro (recordemos que la Organización Mundial de la Salud no aconseja en ningún caso beber mas de 75 c. c. de alcohol al día).

También es importante señalar que no todos los enfermos por el abuso de alcohol beben de la misma manera. Hay personas que son alcohólicas y que sin embargo no prueban el alcohol durante la semana, pero llega el fin de semana y beben sin parar hasta emborracharse. Es lo que se llama “alcoholismo de fin de semana” o modelo anglosajón, cada vez por desgracia más frecuente en nuestro medio, sobre todo entre gente joven. Hay otros que consumen regularmente grandes cantidades, aunque no se emborrachan ya que “aguantan mucho”, pero lo que obviamente ignoran es que, aunque no haya síntomas de intoxicación etílica, el alcohol les produce un daño importante y pueden llegar a ser también alcohólicos.

Otros alcohólicos pasan largos períodos sin beber, semanas o incluso meses, pero un día empiezan hacerlo y no son capaces de controlar sus ingestas. Es lo que se llama “bebedores compulsivos”. Detrás de este tipo consumo de alcohol suele existir con mucha frecuencia enfermedades mentales como la ansiedad, la depresión o trastorno de la personalidad. Por último, estaría el que bebe desde que se levanta por la mañana ya que tiene temblor, sudoración, y malestar intenso y necesita la ingesta de alcohol para poder desarrollar una mínima actividad, es evidentemente la forma más grave de alcoholismo y la que más deterioro social y personal conlleva.

En resumen, el consumo abusivo de alcohol puede originar dos tipos de trastornos. En primer lugar, nos encontramos con una problemática social muy importante ya que detrás de muchos accidentes de tráfico (casi el 50 %), de malos tratos al cónyuge y a los hijos (aproximadamente el 85%), del absentismo laboral (2-3 veces más frecuente en los alcohólicos), de actividades delictivas (más del 30 %) se encuentra un consumo abusivo y patológico de ALCOHOL.

Pero no quedan ahí las cosas, el alcohol es también el responsable del 25 % de las hospitalizaciones en servicios de Medicina Interna, del 15% de las urgencias generales y del 20 % de las consultas psiquiátricas. Las bebidas alcohólicas en el igual de dosis dañan mas a la mujer, ya que esta tiene una mayor facilidad para su absorción debido a un metabolismo diferente y también a la mayor cantidad de panículo adiposo lo que permite su fijación y facilita la absorción.

Tratamiento de las Adicciones.

Para acabar el apartado vamos a detenernos en el tratamiento de las drogodependencias. Lo primero es conseguir que el drogodependiente acepte que lo es, ya que muchos de ellos rechazan el serlo, y no es infrecuente oír frases como: «yo no estoy enganchado» «yo sé bien lo que me hago”, “cuando quiera lo dejo», «si sólo consumo los fines de semana», «yo no soy un yonki, esos que se pinchan y andan tirados por la calle»… Estas frases traducen sin duda el gran desconocimiento que existe sobre las drogodependencias.

El drogadicto no cree serlo hasta que empieza a ver que no puede controlar él la droga, y que las consecuencias adversas de todo tipo empiezan a ganar un terreno muchas veces irrecuperable. La familia del drogadicto con frecuencia es la última que se entera del problema, y todo ello obviamente complica la situación y las posibles soluciones de la misma. Es preciso aceptar que un problema existe para poder buscar soluciones. Una vez que ha quedado clara la existencia del problema, el siguiente paso es iniciar un tratamiento adecuado.

Las desintoxicaciones son todos aquellos procesos encaminados a que un paciente drogodependiente llegue a poder prescindir de la sustancia adictiva en un período de tiempo más o menos breve. Hemos de aclarar que desintoxicar no significa, ni mucho menos, deshabituar o rehabilitar, esto es otro problema. Supone el primer recorrido que una persona dependiente de sustancias realiza en el largo camino de su estabilización y recuperación. Conseguir pasar la desintoxicación no es, como a veces se piensa, la meta final, “el triunfo sobre la droga”. Precisamente es tan sólo el principio de todo el proceso de deshabituación, rehabilitación y resocialización del drogodependiente.

Existen, básicamente, dos criterios para llevar la desintoxicación a cabo: 1º) Que el síndrome de abstinencia se experimente lo menos posible y 2º) Que el síndrome de abstinencia se sufra total o parcialmente con propósitos aversivos.

Los tratamientos, por tanto, se dividen en: Farmacológicos abordan al drogodependiente como a cualquier enfermo que se siente mal mitigando la sintomatología del cuadro de abstinencia; Naturalistas o no farmacológicos que son contrarios a la farmacopea (a veces también a los médicos) y proponen pasar el “mono” con tisanas, compañía, oraciones, etc. y por último están las terapias Comportamentales como son las técnicas coercitivas y aversivas.

Aunque ninguna desintoxicación acarrea peligro para la vida del paciente (a no ser que se encuentre en condiciones físicas muy precarias, o en estadios terminales de SIDA –por ejemplo-), los tratamientos médicos son, lógicamente, los más recomendables para mitigar de forma eficaz los síntomas agudos de la privación de la sustancia de la que se depende. Así lo demuestra la mayor retención en ellos de estos pacientes, el mejor abordaje terapéutico posterior, y la mayor confianza y seguridad hacia el médico y los terapeutas, condición ésta imprescindible para establecer la necesaria relación durante el proceso terapéutico.

El tratamiento ambulatorio de las adiciones es la manera más aconsejable, por regla general, ya que implica unos adecuados recursos internos del paciente, un apoyo familiar suficiente, unas condiciones sociales adecuadas, y una salud física y mental mínimamente conservadas. El paciente no rompe con su entorno, sino que se trabaja en medio de él.

Se procede con el tratamiento hospitalario de las adicciones en aquellos casos en los que existe una patología de fondo, o bien cuando las condiciones sociales del entorno del paciente no auguran un buen pronóstico si la desintoxicación se realiza de forma ambulatoria.
También sucede así cuando se van a utilizar técnicas sofisticadas de desintoxicación que requieren atención médica y de enfermería constante (desintoxicaciones ultracortas, curas de sueño…).

Es útil para aquellos pacientes en los que es aconsejable salir una temporada del entorno familiar y social en el que se desenvuelven, y que además poseen una buena capacidad para la convivencia y para el sometimiento a las normas básicas de la comunidad a la que van a ir.

En cualquier caso, los tratamientos de las adiciones deben ser individualizados ya que un paciente puede necesitar un programa y una medicación diferentes a otro que consuma el mismo tipo de droga. La idiosincrasia del enfermo, el proceso adictivo, el entorno donde él se mueve, su familia, su forma de reaccionar, su patología de fondo…, todo ello puede hacer preferible uno u otro abordaje.

Además, el síndrome de abstinencia no es el mismo para todos los consumidores de la misma sustancia. La personalidad del paciente, el tiempo que lleva consumiendo la droga y las secuelas que le haya dejado, la dosis habitual de la sustancia, su tolerancia al estrés, y otros muchos factores, son fundamentales a la hora de elegir un tipo u otro de tratamiento. También es importante considerar el significado que el “mono” tiene para el paciente. Si lo ha pasado mal otras veces, sea por haber sido medicado deficientemente o por haberlo hecho con un método naturalista o coercitivo, la ansiedad anticipatoria, que puede traducirse en una intensa angustia, va a perjudicar el nuevo tratamiento. También aparece desánimo y falta de ilusión hacia el profesional médico y su equipo en aquellos pacientes que llevan varios intentos de dejar la droga y han recaído repetidamente.

Como hemos visto existe un número importante de sustancias capaces de generar una dependencia y en consecuencia de limitar o anular la libertad de aquel que los realiza. Pero también se puede producir dependencia y adicción a determinadas conductas. Entre las mas conocidas están la adicción al juego; la adicción al sexo en la que existe una “cosificación” del otro, es decir el adicto percibe al compañero sexual más como un objeto o cosa a la que manipular que como a una persona con sentimientos y emociones; la adicción a la compra una de las mas frecuentes y también sobre la que más publicaciones se han escrito en los últimos tiempos; la adicción al Internet, a los videojuegos, a los deportes de riesgo, en fin, muchas y variadas son las llamadas adicciones comportamentales o adicciones sin sustancia. ¿Cuáles son los criterios que los médicos emplean para etiquetar y considerar las llamadas adicciones sin droga?

Lo primero que debemos aceptar, aunque nos pese, es que es propio de la naturaleza humana el “ser dependiente”, es más el ser humano es el más dependiente de los animales. Las dependencias pueden ser de tres tipos: de cosas (por ejemplo, de objetos de colección); de otros seres humanos o animales, y de las propias costumbres, hábitos ó manías. Estas últimas son las más frecuentes, puesto que el ser humano es un animal de costumbres, y lo que más ama son las suyas propias, hasta el punto de que puede convertirlas en verdaderos “hábitos”, a pesar de los inconvenientes que pueda acarrearle. Las dependencias de los demás también pueden motivar conductas morbosas. Sólo así se comprende la intensa dependencia «emocional» que ata a ciertas madres y sus hijos, a los componentes de ciertas familias, o a la esposa maltratada con su maltratador.

Las dependencias de las cosas también son conductas muy extendidas. El ser humano se siente mejor si posee ciertas cosas, si las incorpora a su vida y persona, asumiendo que “poseer” es sinónimo de sentirse seguro. Así pues, no es extraño que nos hagamos dependientes y adictos a nuestras cosas (libros, regalos, ropas, discos, coches… o lo que sea). Sólo de ese modo se entiende que la especie humana sea la más coleccionista de todas las existentes, que colecciones de todo, incluyendo trastos viejos, objetos inservibles, o basura (silogomanía).

¡No se agobie innecesariamente, su problema puede tener solución!

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