La envidia es un problema psicológico de muy difícil solución. Muchos expertos lo afirman con contundencia y todos lo asumimos sin rechistar. Por otro lado es común oír que la envidia es el pecado nacional y uno de los grandes lastres de la sociedad española. En mi opinión la envidia no es sólo un defecto español, sino una actitud muy extendida y generalizada en la especie humana.

En palabras de Aristóteles envidia es el dolor que causa la prosperidad de los otros, y seria consustancial al hombre independiente del momento histórico y social que se analice. Es decir, se trata de una conducta que estaría impresa en nuestros genes, y que por lo tanto aparece en mayor o menor medida en la practica totalidad de las personas, aunque en algunos llega a cotas insufribles para ellos y temibles para los que les rodean.

La envidia es un sentimiento de displacer, de disgusto, de frustración, de amargura, de rencor por la alegría y bienestar del otro. El envidioso querría tener lo que observa en los demás ya sea un sentimiento, una actitud, un prestigio, un modo de hacer las cosas, una inteligencia, una madurez, una estabilidad… el envidioso quiere lo que no posee y su impotencia se transforma y expresa a través de la ira, cólera, agresividad, violencia, frustración e incluso de la difamación, calumnia o, en el peor de los casos, hasta en un asesinato.

Ser envidioso sin duda es un calvario para el propio sujeto, ya que solo consigue malestar y desazón. Al principio por no tener lo que codicia, mas tarde, si lo consigue por que nunca le será suficiente ni se conformará volviendo a padecer nuevas inquinas. El envidioso nunca está satisfecho y siempre vive en permanente anhelo.

Se habla de que existe una envidia positiva y es el querer hacer o tener lo que otro tiene y para ello el sujeto pone en marcha todas sus habilidades para conseguirlo. Pero a eso yo no le llamaría envidia, sino estímulo, admiración, liderazgo, empuje, motivación, ejemplo,… Una cosa es sufrir por no tener lo que otro tiene, y otra muy distinta querer tener también lo que el otro posee poniendo para ello los medios legítimos y adecuados y sobre todo sin sufrir ni vivirlo en ningún caso como una amargura.

Conviene recapacitar y reflexionar sobre lo negativo que es tener esta conducta y poner todos los medios para neutralizarla. Sino lo hacemos además de sufrir podemos enfermar, los psiquiatras clínicos lo sabemos bien. Ser envidioso esencialmente perjudica a aquel que lo es, quien vive absurda e innecesariamente en una permanente pesadumbre y en una profunda infelicidad.

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José Carlos Fuertes

Doctor en Medicina Especialista en Psiquiatría. Profesor Extraordinario de la Universidad de Zaragoza.