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«¿Confesión real o pacto de silencio? Un padre se entrega por el asesinato de un niño de 13 años amigo de su hijo con quien estaba jugando, las circunstancias de este crimen son complejas unos (el propio agresor incluido) hablan de enfermedad mental, otros sospechan que encubre a su propio hijo.»

El hecho ocurre en un domicilio en Sueca (Valencia). Dos niños de 13 años juegan a la PlayStation en el dormitorio. Álex muere tras recibir varias cuchilladas en el pecho con un cuchillo de cocina. Juan Francisco M. F. (48 años), padre de uno de los menores acude al cuartel a las 18:30 h confesando el crimen tras dejar a su hijo con los abuelos. Llega con la ropa ensangrentada.

Tanto el padre como el hijo mantienen una versión idéntica y rígida: El Padre dice que sufrió un «ataque de locura» y entró en el cuarto matando a Álex «sin más». No aporta detalles, ni mecánica, ni motivos. El Hijo corrobora punto por punto lo dicho por su padre. Afirma que él sestaba jugando cuando su padre entró y atacó a su amigo.

La Guardia Civil tiene muchas dudas por la falta de detalles en el relato del padre y se están planteando dos hipótesis: 1) El padre es el autor material tras un brote psicótico. 2) Hubo una pelea entre los menores por el videojuego, el hijo mató a Álex y el padre ha orquestado una escenificación para protegerlo.

Lo más intrigante y poco comprensible es la 2ª hipótesis ya que si el hijo fuera el autor, sería penalmente inimputable por tener 13 años (la responsabilidad penal en España empieza a los 14). No obstante el padre mantiene su confesión aun siendo conocedor de esa información. Lo que sí confesó ante el juez, cuando estaba acabando la vista, fue que estaba acudiendo a un psicólogo por depresión.

La autopsia parece confirmar que la violencia y fuerza ejercida indican que fue un adulto el ejecutor del crimen. Por otro lado, el análisis del mango del cuchillo y de un bate de béisbol hallado en la escena, junto al estudio del ADN y huellas que pueda haber serán muy relevantes a la hora de esclarecer los hechos. Juan Francisco no ha buscado ningún atenuante, limitándose a insistir en la versión de que actuó por “un ataque de locura”. Ni trató de inculpar a su hijo desde un inicio, pese a saber que era inimputable al ser menor de 14 años, ni buscó excusa en el litro de alcohol que había bebido aquel día o el vino que tomó durante la comida, como indica el medio Las Provincias. De igual modo, el asesino confeso se negó a que le tomaran muestras de sangre y ADN para analizar las sustancias que hubiese pedido ingerir. Las preguntas que nos surgen sobre este lamentable sucesos son tres:

¿Es posible que un padre prefiera ir a la cárcel antes que dejar que su hijo cargue con el estigma social de ser un asesino, aunque sea inimputable?

¿Cómo es posible que tras una inspección ocular los mandos de la consola siguieran encendidos? ¿Hubo una interrupción súbita o una discusión previa?

¿Puede existir un episodio psicótico detrás de este brutal asesinato?

La verdad es que una vez más la realidad supera la ficción, y en mi practica forense este caso merecería una especial atención, ya que las piezas no encajan y salvo que aparezca más información, hay que ser prudentes y esperar el desarrollo de los acontecimientos. Por el momento el padre ha ingresado en prisión.