Violencia y Enfermedad Mental

Violencia y Enfermedad Mental

Violencia y enfermedad mental están unidas, al menos en el sentir popular. Dice la sabiduría popular que: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”.Y sin duda eso es lo que está ocurriendo con la enfermedad mental. Hoy el enfermo mental es socialmente percibido como un sujeto violento, incurable y peligroso. Y el “mantra” de que todos los actos inexplicables son producto de una enfermedad psíquica, corre como la pólvora, incluso entre personas ilustradas.

 

Pero la realidad no es ni mucho menos esa. No hay enfermedades, sino enfermos y por lo tanto no se pueden hacer afirmaciones genéricas sobre la peligrosidad del “enfermo mental”. Los datos objetivos que manejemos los médicos señalan que, aunque es cierto que un tipo concreto de pacientes y en momentos precisos de la evolución de su dolencia si pueden ser más agresivos, estos son la excepción y nunca la norma.

 

La información contrastada y los estudios de investigación señalan, curiosamente, que el enfermo mental es con más frecuencia víctima que verdugo, agredido que agresor. También dejan claro que si la persona enferma sigue un tratamiento y control médico adecuado, la posibilidad de que ejecute conductas antisociales no afecta, en el peor de los casos, ni al 3 % de los pacientes.

 

Los trabajos de investigación mas recientes confirman que la agresividad y la violencia del enfermo psíquico está relacionada en gran medida con alteraciones estructurales cerebrales, concretamente con anomalías del lóbulo frontal, del temporal, de la amígdala cerebral y del hipotálamo. Otro aspecto relevante es que el uso de sustancias tóxicas unido a una enfermedad mental, multiplica hasta 16 veces el riesgo de ser detenido y condenado por delito violento.

 

Aunque los resultados son variables y controvertidos, puede concluirse que existe una asociación modesta pero real entre enfermedad mental y conducta violenta, aunque debe quedar claro que esa violencia se produciría solo en algunos trastornos muy concretos y fundamentalmente hacia los miembros de la familia del enfermo y en el propio hogar.

 

Ahora bien, no tenemos pudor en admitir que cuando el enfermo mental comete actos violentos, frecuentemente son conductas que se producen sin un factor desencadenante claro, a veces son comportamientos ilógicos, sin sentido, inexplicables e incluso absurdos, aspectos todos ellos que, unidos a la brutalidad del modus operandi, suscitan interés mediático y morbo popular.

 

Tachar sin mas ni mas de peligroso a un psicótico es una aberración, un síntoma de ignorancia, una osadía imperdonable. Decir que en casos puntuales y excepcionales un episodio psicótico puede debutar con una acto criminal, se acerca mucho más a la realidad. Los enfermos mentales no son peligrosos, son enfermos necesitados de protección, ayuda y tratamiento. Lo contrario es más un mito que una realidad.

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