Jose Carlos Fuertes

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EL ESTRES VACACIONAL EXISTE

No han leído mal, ni tampoco me he equivocado conceptualmente, ni mucho menos ha sido un error de imprenta. Las vacaciones en muchos casos, mas de los que se cree, comportan elevados niveles de estrés, es decir, de percepción subjetiva de amenaza, que a la postre eso es lo que define y caracteriza cualquier situación considerada como estresante.

Los seres humanos tendemos a repetir las conductas, eso es una evidencia confirmada por la investigación. Todos hacemos mas o menos lo mismo, con pequeñas variantes, pero en líneas generales nuestras pautas de conducta son parecidas, salvo en los casos de enfermedad o desequilibrio psíquico. La homogeneidad y similitud conductual nos proporciona cierta tranquilidad y reduce la angustia existencial. Por eso llega esta época y todos (los que pueden) repiten el ritual vacacional: hay que ir de vacaciones como todo el mundo.

Hay que salir y cambiar de aires, descansar lejos del bullicio de la urbe, o mezclarse con la multitud si vivimos en el medio rural. Hay que viajar y conocer otros lugares lejanos de nuestra cultura. Quizá nuestra opción sea tostarse al ardiente sol mediterráneo, o recogerse en un monasterio de clausura o practicar senderismo por la escarpada montaña del pirineo Aragonés. Cada uno hará, dentro unos estrechos límites, lo que mas le guste, y también, lo que sus ingresos le permitan.

Como cada año nos dispondremos a hacer un esfuerzo económico y personal para recargar las baterías y sobre todo para cumplir con la necesidad/obligación de tener vacaciones y hacer algo distinto, quizá divertido, puede que especial, aunque luego, cuando lo analicemos con mas sosiego, sea indefectiblemente mas de lo mismo. ¡La condición humana es así!

Las vacaciones teóricamente no deberían suponer ningún estrés, al contrario, están concebidas para eliminar el que se ha acumulado en el periodo laboral. Pero una cosa es la teoría y otra la realidad, que sesudamente parece decirnos lo contrario.

En unos casos la causa de ese “estrés vacacional” estará en la “obligatoriedad” de renunciar a nuestra agradable ciudad, nuestra confortable casa, nuestra conocida piscina comunitaria, nuestra plácida cama y tener que desplazarnos “para cumplir con el ritual”, al cutre e incomodo apartamento u hotel playero, o a esa casa rural, donde la relación calidad precio es desproporcionada, y, a veces, hasta insolente.

En otros casos la tensión y malestar tendrá su origen en ese maravilloso y lejano viaje que, además de dejar tambaleando la cuenta corriente, nos obliga a una preparación como si fuéramos a competir en las olimpiadas y donde el mayor aliciente está en el hecho de “callar” a nuestro cónyuge, empeñado en vivir similares experiencias a las que se anuncian a todas horas por la pequeña pantalla, para que luego podamos presumir ante amigos y conocidos de todo lo visto y fotografiado, eso si, una vez recuperados del llamado Síndrome del viajero o de Sthendal. 

Con frecuencia el estrés vacacional puede tener su origen también en la “obligada convivencia” con la familia, de la que el resto del año estamos “protegidos” por el “otro estrés”, el laboral, preferible sin duda a tener que soportar a la cuñada, suegro, sobrinos y demás retahíla de compromisos ineludibles, que transforman el placido descanso veraniego en un refinado y delicado suplicio.    

En fin, las vacaciones son, o mejor dicho, deben ser, un alto en el camino para descansar, salir de la rutina, también para reflexionar y pensar. Pero sobre todo para hacer aquello que mas nos agrade, sin estar atados a obligaciones, compromisos o deberes, que por agradables que puedan ser teóricamente, quizá no lo sean tanto en la practica, ni se ajusten a su forma de ser o entender la vida.

¡Sea egoísta!. No puedo ser mas claro. Si como lo ha leído, EGOISTA, es decir, quiérase mucho y piense en su bienestar, no en balde como dice la celebre frase  de San Pablo: “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”.

No se deje persuadir ni presionar por la siempre interesada publicidad, las fanfarrias vecinales, la manipulación familiar o las convencionalismos sociales. Y sobre todo, sea libre y disfrute del momento. Felices vacaciones, estimados lectores.

Última actualización el Sábado, 28 Junio 2014 08:30

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