Jose Carlos Fuertes

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¡CUIDADO CON EL TRANKIMAZIN!

Esta semana he participado en el programa Espejo Público como lo suelo hacer habitualmente desde hace ya mas de dos años. En esta ocasión se ha tratado un tema de actualidad mediática, y además de gran interés médico y social: el consumo de alcohol y ansiolíticos. En concreto, el reportaje que se presentó hacía referencia al consumo abusivo del popular “Trankimazín”,  nombre comercial del derivado benzodiacepinico Alprazolam.

Lo primero que quiero dejar claro es que esta sustancia, el Trankimazín (Alprazolam), es un medicamento seguro, eficaz y útil cuando se emplea bajo control médico y exclusivamente con fines terapéuticos. Hay miles de personas que lo emplean con resultados muy satisfactorios. Obviamente si se saca de ese contexto, el Alprazolam y cualquier otra benzodiacepina, grupo de medicamentos al que pertenece, puede producir efectos tóxicos y dañinos para la salud del consumidor, que no enfermo.

El Alprazolam es un compuesto cuya principal indicación es el trastorno de angustia, es decir una enfermedad psíquica, muy molesta, altamente incapacitante y que provoca una sensación subjetiva de perder el control de uno mismo e incluso de originar la muerte.

Como decimos el enfermo de angustia cree que se muere, su corazón late intensamente, no puede respirar bien, aparecen calambres en las extremidades, inestabilidad en la marcha, opresión en el pecho, y un malestar generalizado que le lleva con frecuencia a acudir a los servicios de urgencias. Una vez allí el tratamiento con Alprazolam, generalmente de forma sublingual, en pocos minutos surtirá efecto y el enfermo de angustia recuperará la normalidad. La utilidad del medicamento Alprazolam es pues innegable.

Ahora bien cuando esta sustancia se usa de forma lúdica, mezclándolo con alcohol, cannabis o cocaína, todo cambia. El Alprazolam bloquea una serie de receptores neuronales y modifica la reacción de las otras sustancias y de ella misma, pudiendo llegar a producir un estado comatoso, que en algunas ocasiones puede dar lugar a una intensa depresión respiratoria y la muerte.

Además, y en los casos no tan graves, la mezcla de Alprazolam y alcohol produce una destrucción neuronal importante, que a su vez origina pérdida de memoria, confusión y desorientación temporo-espacial y trastornos de conducta con agresividad, desinhibición y agitación psicomotora. Es decir, un medicamento que bien utilizado mejora sustancialmente una dolencia, puede llegar a ser altamente dañino para la salud, pero la culpa no es de la sustancia sino del uso inadecuado de la misma.

Es necesario alertar con claridad de los peligros de las sustancias legales cuando se utilizan para fines muy diferentes para los que están destinadas. El bajo precio y la facilidad para adquirirlas están produciendo estragos en la salud de muchos jóvenes, que ven en ellas una alternativa fácil y falazmente “segura” a las drogas de abuso tradicionales. Falsa y peligrosa creencia.

 Toda sustancia puede ser “remedio o veneno” según la dosis y el uso que se haga de ella. Los ansiolíticos en general, y el Trankimazín (Alprazolam) en particular, mal empleados pueden embotar el cerebro de un joven y conseguir un deterioro precoz e irreversible de sus facultades psíquicas mas relevantes. ¡Aviso a navegantes!

Última actualización el Miércoles, 17 Septiembre 2014 13:54

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