Jose Carlos Fuertes

Switch to desktop Register Login

CARTA A ISABEL PANTOJA

Isabel Pantoja ha ingresado por fin en prisión y una parte de la sociedad ha respirado con júbilo y satisfacción, aunque luego, esos mismos, añadan con tono circunspecto, que no se alegran del mal de nadie y que sólo pretenden que se haga “justicia”. En fin, ¡cuanta hipocresía y falsedad!, pero no es mi objetivo entrar en valoraciones sociales, ni legales. Ni debo, ni quiero.

Lo que parece obvio es que cualquier persona normal que ingresa en prisión sufre un impacto emocional negativo, y nadie de los que nos consideramos personas sanas viviríamos una situación de estas características con comodidad. Es más, me atrevo afirmar, que si la reacción fuese de impasibilidad o de bienestar, estaríamos muy posiblemente ante un presunto desequilibrio de la personalidad, o incluso, ante una enfermedad mental.

No conozco a Dª Isabel Pantoja, pero presumo que tiene que estar sufriendo mucho, aunque lo disimule bajo un distanciamiento emocional. Para mi es evidente que no estamos ante una “delincuente habitual”, además que su personalidad se me antoja mucho mas sensible y vulnerable de lo que aparenta a través de sus apariciones televisivas, y también que la injusta y cruel pena del banquillo que ya se le ha aplicado perturba a cualquier persona por madura y equilibrada que pueda ser. Si a todo eso le añadimos que “la interna” tiene, según lo que ha transcendido en los medios de comunicación, un trastorno de ansiedad previo, es del todo seguro que su paso por la prisión Granadina requerirá un tratamiento psiquiátrico y un apoyo psicológico especializado.

Estos días he oído voces insistentemente afirmando… “que no es para tanto, que todos los que están en la cárcel están igual de mal”; “que el que la hace, que la pague”, “que no hubiera metido la mano en la caja y no estaría donde está”; “que no tiene que haber excepciones ante la ley”; “que cómo es posible que se tenga con ella tantos cuidados y tan poco con otras reclusas”; “que tiene privilegios penitenciarios no justificados”. Tan curiosos como desatinados e hilarantes comentarios. Soy de los que piensa que Isabel Pantoja se encuentra en prisión mas por ser quien es, que por lo que ha hecho (lo ha dicho el propio tribunal sentenciador al afirmar de que se quería dar ejemplo y hacer pedagogía social). Por ello, y para ser coherentes en el discurso, el trato que se le debería de dar también tendría que ser diferente.

Dª Isabel me dirijo ahora a usted y quiero hacerlo como médico psiquiatra. Con todo respeto y afecto debo decirle que en mi opinión personal se ha equivocado en su estrategia. Que usted como cualquier ser humano puede cometer errores y que en esta ocasión así ha sido. También pienso que los ha pagado en demasía y que la justicia no debe ser ejemplar sino justa. Que quizá hubiera sido más oportuno por su parte reconocer la equivocación, expresar un propósito de la enmienda y zanjar los temas económicos. Con ello probablemente hubiera bastado para evitarse este trance amargo, calmar a la sociedad y reducir la sentencia a su mínima expresión.

Pero llegados a este punto lo que si tengo muy claro es que de ahora en adelante dependerá casi todo de su actitud para conseguir que estos meses no sean una “enorme desgracia” y un “duro estigma”, sino una forma de aprendizaje y de maduración de la personalidad.

No tenga duda, todo pasa. Lo bueno acaba, pero también lo malo, y esta situación tan desagradable sin duda pasará. Y cuando el tiempo actué de bálsamo, todo lo percibirá de una forma muy diferente. Intente ver lo que le está ocurriendo ahora como una experiencia que le proporciona la vida para conocer otro mundo, otras gentes, otras situaciones. Aproveche el tiempo para aprender lo que no está en los libros. Reflexione y medite sobre lo que haría si se pudiera echar para atrás el inexorable reloj del tiempo, pero no se mortifique por ello. Y sobre todo trate de ver el lado positivo, que todas, absolutamente todas las situaciones vitales tienen.

Le recomiendo encarecidamente también que ocupe los días de forma provechosa y que evite la ociosidad. Lo peor que puede ocurrir en el ambiente carcelario es disponer de tiempo para pensar y para lamentarse de su desgracia. Los hechos tienen consecuencias, eso es todo lo que ha pasado. Se fió, quizá no calculó, puede que la engañaran, no valoró los riesgos, en fin…., eso sólo lo sabe usted. Lo que está claro es que según la Justicia se equivocó. Personalmente creo que también, pero eso no debe ser ningún drama. Es sólo una vivencia más de las muchas que nos depara el destino.

Cumpla dignamente la sanción que la han impuesto y luego, cuando todo pase, “cuando las aguas vuelvan a su cauce”, cuando la vida continúe, y quien sabe sino con mejor fortuna y mayor bienestar del que hasta ahora ha tenido, verá como no ha sido una experiencia tan horrenda. Y recuerde estas dos palabras que resumen la esencia de muchas técnicas psicoterapias: “Crees, creas”.

 

 

Última actualización el Domingo, 30 Noviembre 2014 14:29

Visto: 67

© Copyright 2012 Rocañín Desarrollo Sanitario S.L. - CIF B99305997

Top Desktop version