Jose Carlos Fuertes

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LOS PELIGROS DE LA FAMA.

Los que leen de vez en cuando mis artículos saben que suelo ser habitualmente muy crítico con los llamados programas de corazón. Siempre me han parecido sórdidos, groseros, de mal gusto, incluso rozando en algunos casos la crueldad y la saña.  Confieso que hasta ahora les había visto tan sólo un aspecto positivo: ser una buena enseñanza para los futuros psiquiatras, ya que por sus platos desfilan personajillos más o menos grotescos, a veces esperpénticos, algunos kafkianos, exponentes todos ellos de una variada psicopatología, con la que los “aprendices de psiquiatra” se tendrán que enfrentar en su ejercicio profesional futuro.

Pero hace unos días vi un programa especial sobre uno de estos jóvenes personajes mediáticos, a la sazón hijo de una famosa cantante andaluza, que me llamo particularmente la atención y me he decidido a escribir estas líneas para darles a ustedes otro punto de vista y matizar mi opinión sobre el asunto.

 En ese espacio emitido en “prime time”, como se dice en el argot televisivo, se puso de manifiesto con meridiana claridad las miserias humanas. Tuvimos la ocasión de ver como un muchacho, en absoluto dotado para la música, había sido capaz, sin ningún tipo de decoro ni pudor, de aparecer ante un numeroso público y dejar mas que probada su incompetencia musical, a la vez que su candor e ingenuidad personal al aceptar la realización de un reportaje televisivo sobre su “impresionante” carrera musical y también como afamado “dj”.

Me parece muy ilustrativa e interesante la moraleja que se puede sacar y que me atrevo resumir a través de un conocido refrán y de un proverbio, tomen nota: “La avaricia rompe el saco” yEl problema con la mayoría de nosotros es que preferimos ser arruinados por los elogios que salvados por las críticas”.

El intrépido y audaz “cantante” ha quedado francamente mal. Su falta de condiciones musicales fue puesta de manifiesto sin paliativos. Su vanidad y su autoestima han recibido una dura, pero espero que también pedagógica y fructífera respuesta a través de lo que todos pudimos ver, y que para mas “inri” fue record de audiencia.

Aunque no le conozco personalmente, confieso que el polifacético joven me cae bien. Parece buena gente, quizá algo impulsivo, puede que demasiado obstinado, pero sobre todo mal aconsejado por esos “palmeros” que circulan siempre alrededor de los personajes famosos y que a veces tanto les complican la vida.

Vimos a través de los medios a una persona sencilla, abierta, entrañable, cargada posiblemente de buenas intenciones y deseando agradar y gustar a todos. Precisamente ese puede ser su gran problema: necesitar el afecto ajeno en demasía y tratar de conseguirlo, aunque sea pagando un alto precio: el del ridículo.

Luego esos mismos “palmeros” que parece le acompañan a todos los sitios le dirán que ha estado fantástico, que ha sido un fenómeno, que la actuación ha sido inmejorable, que “su” canción (ahora cuestionada en su propiedad intelectual) no tiene rival, y todo ello para confundirlo, tapar su falta de valía musical y seguir “chupando del bote”.

Me da la impresión, sólo impresión ya que no dispongo de otra información que la que aparece en los medios, que ha tenido una infancia feliz, que ha sido un muchacho querido, tal vez excesivamente protegido, con un entorno familiar siempre dispuesto en ayudarle y orientarle. Pero parece que él joven todavía no ha madurado lo suficiente. Que su tolerancia ante la frustración no es la adecuada y que a pesar de sus buenas intenciones, por el momento, no ha encontrado su lugar.

Este joven, envidiado por unos, criticado y cuestionado por muchos, compadecido por unos pocos, es la resultante de la fama y de la popularidad no bien digerida. Posiblemente no es sólo su responsabilidad, que la tiene, sino también un poco la nuestra. Unos por tolerar, otros por jalear, algunos por vivir del cuento a sus espaldas y bastantes por reír sus gracias, y cuando les convenga, dar un giro de ciento ochenta grados, y entonces, como lobos hambrientos, darse el festín de la burla cruel y la crítica destructiva.

Estos programas televisivos tan denostados y criticados tienen una parte positiva y pueden servir para analizar una parte de la conducta humana, a veces excéntrica, puede que morbosa, tal vez bizarra, pero siempre real. Es lo que hay en esta sociedad, aunque a veces nos irrite o moleste el verlo. No fantasean mucho, el guión es la vida misma, por eso quizá tengan éxito. Tal vez caricaturizan y exageran algunas cosas, pero no inventan, sólo muestran.

Los que no sabemos de televisión, pero si de trastornos de la conducta, podemos ver en estos magazines una nueva utilidad al ser fuente de enseñanza para que los mas jóvenes aprendan justo lo que no hay que hacer, escarmienten en cabeza ajena y se den cuenta de lo absurdos que pueden llegar a ser los comportamientos humanos. Hacer un programa de televisión es mucho mas complejo y laborioso de lo que a primera vista puede parecer, por lo tanto, respeto para sus profesionales. Y además conviene no olvidar que, “todo en la vida es del color del cristal con el que uno lo mira”, por ello si nos lo proponemos hasta lo mas sórdido siempre nos puede aportar algo positivo.

Por último, espero y deseo que este “revolcón televisivo” le sirva al frustrado cantante para evitar otros males mayores. También me tomo la libertad de dejarle un sabio aforismo, que ójala le ayude a reflexionar: “Errar es humano, persistir en el error, de necios”.

 

 

 

Última actualización el Viernes, 01 Agosto 2014 15:30

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