Jose Carlos Fuertes

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PANICO ANTE EL EBOLA

Hace unos meses muy pocos sabían lo que era el “ébola”, hoy se ha convertido en preocupación para unos, obsesión enfermiza para otros, intenso trabajo para unos pocos y un martirio para el gobierno, al que parece que esta infección vírica le ha cogido con el “pie cambiado” y ha noqueado a algunos responsables sanitarios.

Todos los medios de información se han volcado con el tema, lógico, no es para menos, sobre todo cuando hemos tenido la desgracia de un contagio producido en una auxiliar de enfermería, mientras atendía a uno de los dos enfermos españoles traídos a nuestro país para tratarlos de esta terrible dolencia, contraída en su trabajo humanitario.

Estos días se han sucedido un sin fin de especiales informativos, portadas y editoriales de diarios nacionales e internacionales, tertulias de expertos y de profanos, testimonios de afectados, incluso hemos oído las declaraciones de la única persona, desgraciadamente la primera que lo contrae por contagio fuera de su lugar endémico, como primicia y exclusiva de un magazine matutino.

El ébola es una enfermedad infecciosa viral aguda que produce fiebre hemorrágica en humanos y primates causada por un virus perteneciente a los Filoviridaes, descrita por primera vez en el año 1976 por el Dr. David Finkes, cuando se presentaron varios casos de fiebre hemorrágica en Zaire y Sudán. El nombre del virus se debe al río Ébola, geográficamente ubicado en Zaire. Pero al margen de aspectos epidemiológicos y terapéuticos, en los que obviamente no voy a entrar, mi reflexión quiere girar en torno a la reacción de pánico que se ha producido en nuestra sociedad, llamada del bienestar.

Estos días hemos oído de todo. Miedo confesado, miedo disimulado, comentarios absurdos, opiniones esperpénticas, juicios temerarios, expertos en la materia llamando a la calma, ciudadanos soliviantados por la muerte de un pobre perro, en fin, hemos visto y oído un montón de despropósitos, en parte producidos por una información gubernamental inadecuada, y en parte azuzados por algunos medios de comunicación, que han  tomado al maldito virus como ariete para sacudir al gobierno de turno contrario a su ideología. Somos tan peculiares, que hasta para esto del enfermar,  ¡España es diferente!

En mi opinión la gestión informativa del problema ha sido mala. Incluso para según que cosas, pésima. Hemos oído comentarios de algunos responsables políticos, cuando menos inadecuados, sino incluso contrarios a la prudencia y también a la mas mínima sensibilidad. Pero también hemos visto tertulias, entrevistas y programas de radio y televisión, que con información parcial y sesgada, se han lanzado a la piscina de la alarma social consiguiendo que cunda el pánico.

Cuando se informa de salud y de enfermar hay que extremar la prudencia, y mucho mas cuando se habla de salud pública, donde un comentario inadecuado corre como la pólvora y genera un daño enorme y muchas veces irreversible. Los ciudadanos somos muy sensibles a esta información, no en balde nos tocan lo mas importante: nuestra superveniencia, y ya se sabe, “con la salud no se juega”.

Me permito humilde y respetuosamente llamar la atención desde esta tribuna de opinión a los responsables mediáticos, para que hagan un esfuerzo especial y combinen el derecho a la información veraz y aséptica que todos tenemos,  con la prudencia y el autocontrol. Es la forma de evitar que el virus del ébola produzca daños colaterales, que pueden llegar a ser a veces casi tan graves como la posibilidad de padecer la enfermedad, antes del llamado tercer mundo, que por azares caprichosos del destino ha pasado ahora al primero, recordándonos osadamente nuestra gran fragilidad ante un simple compuesto proteico, que puede poner en jaque a esta sociedad tan “petulantemente avanzada”.

 

 

Última actualización el Domingo, 12 Octubre 2014 08:45

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