José Carlos Fuertes Rocañín

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PSICOPATAS PELIGROSOS O ADOLESCENTES CONSENTIDOS

¿Te has enterado lo que dice la prensa hoy?, Le comenta Andrés a su compañero de oficina. No, dime, ¿Qué ha pasado? Le responde Pedro con tanta avidez como curiosidad. Pues una barbaridad, una salvajada. Resulta que unas adolescentes de apenas quince años han matado a una compañera de clase. Y pásmate...

¿Te has enterado lo que dice la prensa hoy?, Le comenta Andrés a su compañero de oficina. No, dime, ¿Qué ha pasado? Le responde Pedro con tanta avidez como curiosidad. Pues una barbaridad, una salvajada. Resulta que unas adolescentes de apenas quince años han matado a una compañera de clase. Y pásmate, parece que lo han hecho sólo para salir en los periódicos. ¡No sé dónde vamos a ir a parar!, Exclama Pedro indignado y con tono de voz firme y enérgico. ¡Si es que falta mucha mano dura, tanta permisividad no puede ser buena! En mis tiempos estas cosas no pasaban, añadió Andrés tan vehemente como irritado. Había más respeto y el que la hacía la pagaba. Hoy entran en la cárcel por una puerta y salen por la otra. Además tanta violencia en la televisión al final acaba por hacer mella. En fin, que le vamos a hacer, sigamos con el trabajo. Ya están los jueces y la policía para aclarar el asunto.

Aunque, si se paran a pensarlo con una cierta perspectiva histórica, la violencia, no es algo nuevo sino que ha acompañado al ser humano desde sus más remotos orígenes. Es más, se puede afirmar que son consustanciales con la raza humana. Lo que sí es nuevo, lo que ha cambiado radicalmente, es que ahora nos enteramos de todo lo que pasa ocurra donde ocurra, y, además, lo hacemos con enorme celeridad.

Precisamente esa rapidez en la transmisión de las noticias es la que nos hace creer que en el momento presente hay más violencia que hace años. Es la que nos induce a pensar que hoy se asesina a mas gente, se infringen más malos tratos, sé agreden sexualmente a más mujeres y se explotan a mas niños con trabajos vejatorios y crueles.

En fin, parece como sí toda la barbarie, crueldad y salvajismo que el ser humano es capaz de desarrollar se hubiera concentrado en estas últimas décadas, asistiendo impávidos desde el sofá de nuestro cuarto de estar a un sinfín de escenas truculentas, noticias desgarradoras y situaciones patéticas que, día a día, y con cierto morbo nos traen los llamados medios de comunicación de masas.

Pero no nos desviemos del título de esta hreflexión, ¿Nos ha invadido una ola de psicópatas o estamos simplemente ante una serie de adolescentes mal educados, mimados e hiperprotegidos que como lo tienen todo se dedican a hacer salvajadas? Obviamente, ni lo uno ni lo otro. Voy a intentar, si ustedes me lo permiten, poner las cosas en su justo término.

Quizá sea bueno empezar aclarando lo que es un psicópata, término este con el que la psiquiatría forense ha venido denominando clásicamente a los sujetos desalmados y perversos. El psicópata es un individuo desequilibrado, trastornado, anormal, pero no un enfermo en el sentido estricto del término. Las personalidades psicopáticas son capaces de discernir entre el bien y el mal y además poseen la libertad volitiva suficiente para ejecutar un determinado acto, o, bien, para no hacerlo. En resumen, son individuos que saben lo que hacen y que además son libres para actuar en una dirección u otra.

El psicópata de antaño, trastorno antisocial de la personalidad tal y como ahora se le denomina, es un individuo emocionalmente frío, calculador, siniestro. Dispuesto a salirse siempre con la suya. Decidido a hacer lo que sea, incluyendo las conductas más abyectas y reprobables, para conseguir sus objetivos.

El psicópata, desde su más tierna infancia comienza su particular batalla contra las normas sociales. Fugas del colegio, pandillaje, enfrentamientos con los profesores y con las figuras de autoridad, vagabundeo, precocidad sexual, agresividad, impulsividad, violencia, engaños, manipulación, robos, crueldad con los animales, y todo lo que ustedes quieran incluir en esta lista de conductas execrables. Dichas conductas, que como decimos comienzan en la infancia, van creciendo en cantidad y calidad hasta llegar a la vida adulta.

Los psicópatas son sujetos realmente muy problemáticos. Crueles, violentos, despiadados, incapaces de aprender a través del castigo y siguiendo sólo sus propias reglas. Reglas y pautas que evidentemente son muy distintas a las que tienen el resto de sus congéneres. Este tipo de sujetos desprecia lisa y llanamente los deseos, derechos y sentimientos de los demás. Son capaces de engañar y manipular todo lo que haga falta con tal de salirse con la suya y conseguir los objetivos que se habían trazado. Los psicópatas suelen ser además muy impulsivos e irritables tomando decisiones de forma precipitada sin tener en cuenta las consecuencias que se pueden derivar tanto para ellos mismos como para las personas que les rodean.

Una característica muy importante de esta peculiar y conflictiva forma de ser es la ausencia de remordimientos por sus acciones, llegando incluso a culpar o, lo que es peor, a reírse de sus víctimas, a las que consideran débiles o simplemente despreciables. Con frecuencia tienen sentimientos de ser los ganadores, los triunfadores, los “números uno”, y que los demás les deben un cierto acatamiento y subordinación.

A la ausencia de remordimientos se le asocia una importante y característica frialdad afectiva, siendo en consecuencia displicentes, insensibles, cínicos, atrevidos, a la vez que autosuficientes, pedantes y pretenciosos. Pero cuidado, no se confundan. Estos sujetos suelen poseer también un gran encanto superficial que les hace ser extraordinarios seductores, claro está, hasta que descubrimos su auténtico calado, generalmente tarde y después de habernos visto envueltos en algunas de sus “encantadoras” películas.

Con relativa frecuencia suelen acabar en prisión o llevando vidas marginales, siendo también habitual que consuman sustancias tóxicas y alcohol de forma abusiva. Por el contrario, es muy raro que lleguen a formar una familia. Si lo hacen, acaban rompiéndola no sin antes haber originado una gran cantidad de sufrimiento.

A la luz de todo lo comentado y tal como se pueden imaginar tener un psicópata cerca es una drama, o puede acabar siéndolo en el momento menos pensado. Cruzarse en su camino con uno de ellos puede ser altamente perjudicial para nuestra salud mental.

Ahora bien, una cosa es ser un psicópata y otra muy distinta un adolescente gamberro y bravucón. Es absoluta y radicalmente diferente ventilarnos los cuartos con un individuo portador de un trastorno antisocial de la personalidad, que hacerlo con un adolescente impulsivo, inestable e inmaduro. Del primero, si podemos, mejor huir. Al segundo, educar, corregir y tolerar. En el primer caso incluso nuestra integridad física puede estar en peligro. En el segundo, sólo nuestro orgullo y paciencia pueden verse mal trechas. Profundicemos más en todos estos aspectos.

De todos es sabido lo negativo que es para el desarrollo y maduración de la personalidad la hiperprotección y el exceso de mimo y de tolerancia. Detrás de muchas conductas anómalas de un adolescente lo que hay no es otra cosa que el hreflejo de una estructura y ambiente familiar inadecuados y excesivamente permisivos. Es suma, lo que existe es una muy mala educación.

La tolerancia excesiva, la falta de control en el desarrollo madurativo de la personalidad, el dejar que un adolescente “haga de su capa un sayo”, el no poner coto ni límites a lo que en principio puede ser sólo una pequeña gamberrada; el no proporcionarle un hreferente saludable a imitar, el que los adultos no seamos consecuentes con unos principios y valores, es la mejor forma de conseguir que el niño primero, adolescente después y más tarde joven, desarrolle una comportamiento anómalo e incluso delictivo. Es una de las mejores maneras de conseguir el “desmadre” que actualmente estamos sufriendo.

Si los hijos en cambio ven en sus padres todos los días un comportamiento estable y equilibrado; si en la familia existe respeto por las opiniones de los demás; si los padres funcionan en las cosas importantes al unísono no dando pie a la ambivalencia; si hay amor, cariño y tolerancia en el hogar, es muy probable que los hijos repliquen este modelo y que su comportamiento sea también estable y equilibrado. Por el contrario si los jóvenes ven que los adultos somos inconsecuentes, que hacemos lo contrario de lo que predicamos, que cuestionamos sus formas de diversión sin incitarles a practicar otras más saludables a cambio, si fomentamos un mercantilismo feroz y les inculcamos aquello de: "Tanto tienes, tanto vales" como única forma de conseguir la felicidad. El resultado no puede ser otro que comportamientos egoístas, insolidarios y a veces delictivos.

La violencia, la agresividad, las malas maneras de una parte de nuestra juventud no son sólo un problema familiar. También el resto de la sociedad esta implicada. Para ello es necesario proporcionar al adolescente y al joven unos hreferentes y unas escalas de valores sólidos. Es prioritario que el sistema de educación escolar no olvide la formación humana e integral de la persona. Es de todo punto conveniente que los políticos, es decir los que tienen el poder de verdad, no descuiden su obligación de fomentar la solidaridad y el respeto a los otros y que no se dediquen sólo a castigar las conductas antisociales, sino también a investigar por que se producen estas y cuales son los mecanismos para prevenirlas. En fin, es una labor de todos y que a todos nos interesa llevar a buen puerto.

Que existen jóvenes anormales, desequilibrados y enfermizos nadie lo puede cuestionar. Que dichas conductas y actitudes son a veces intratables desde el punto de vista médico al depender una vulnerabilidad genética es algo bastante aceptado por la comunidad científica. Que en ocasiones sólo es posible llevar a cabo un tratamiento penal y legal, también. Que muchos padres lo han hecho bien y a pesar de ello les ha tocado la china y les ha salido un hijo “muy difícil”, cierto. Pero aun siendo cierto todo lo anterior, creo que sería bueno recordar ahora una frase que se atribuye a Pitágoras y que en mi opinión expresa una gran verdad: “Educad a los niños y no habrá que castigar a los hombres”

ALGO MÁS DE INFORMACIÓN

• La clasificación internacional de enfermedades psíquicas llamada
DSM-IV incluye en uno de sus epígrafes el Trastorno Antisocial
de la Personalidad. Dicho trastorno se caracteriza por:

• VIOLACIÓN Y DESPRECIO POR LOS DERECHOS DE LOS DEMÁS.
• FRACASO PARA ADAPTARSE A LAS NORMAS SOCIALES Y LEGALES.
• INCAPACIDAD PARA SENTIR CULPA Y REMORDIMIENTOS.
• IMPULSIVIDAD, IRRITABILIDAD Y AGRESIVIDAD.
• DESPREOCUPACIÓN POR SU SEGURIDAD Y LA DE LOS DEMÁS.
• CONDUCTAS REPETIDAS DESHONESTAS E IRRESPONSABLES.

•  La frecuencia de aparición de este tipo de forma de ser en la población general es de un 3 por ciento para los varones y un 1 por ciento para las mujeres.

• Las terapias que se emplean para abordar este tipo de alteración o desequilibrio son muy variadas sin que ninguna de ellas haya demostrado una gran eficacia.

• Dentro de los tratamientos tenemos los siguientes: Psicológicos (de poca utilidad al no tener conciencia de enfermedad ni necesidad de cambio), Farmacológicos (sólo tienen eficacia para corregir síntomas como la impulsividad, la agresividad, etc.),

• Los psicofármacos más utilizados son los neurolépticos (risperidona, olanzapina, quetiapina), las sales de litio, los antiepilépticos (carbamacepina y el acido valproico) y los antidepresivos ISRS (fluoxetina, paroxetina, sertralina) en dosis elevadas.

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